Rodolfo tiene 18 años, término de cursar el último año de la secundaria y pretende ser escritor.
Adolescente de buena familia, vive con su madre y su hermana. Su familia es dueña de una pequeña empresa funeraria. Sus padres eran de Córdoba pero por cuestiones de trabajo se fueron para Jujuy. El nació ahí pero quiere irse.
Su abuela al morir le dejó a él un viejo cine del que ella era dueña pero Rodolfo lo usa como refugio para escapar de su casa.
Rodolfo es un personaje confuso, indeciso y con inquietudes artísticas, que busca una respuesta sobre qué hacer con su vida. Así que luego de terminar sus estudios secundarios y cansado de la rutina de un pequeño trabajo y las presiones familiares decide alejarse de la sociedad y convertirse en un “cazador de historias”. Para eso decide emprender un viaje en busca de historias por contar en los pequeños pueblitos del norte y así convertir cada vivencia en un capítulo más de una excelente obra. Es por eso que, para compensar los altos costos del viaje, pone un anuncio solicitando un compañero de ruta con el cual compartir los gastos del combustible y que a la vez lo ayude en la búsqueda de un lugar en el mundo, llegar a la quiaca, pasar la frontera y hacer camino.
Por otro lado, Pedro tiene 30 años, es fotógrafo y trabaja en el estudio fotográfico de la familia en Jujuy. Ha vivido toda su vida en Córdoba debido a que sus padres se casaron ahí. La historia familiar comenzó con el bisabuelo de Pedro, quien a partir de 1913, tuvo un estudio portátil de fotografía, con el cual iba de lugar en lugar a sacar fotos. Su abuelo también era fotógrafo pero su padre no. Luego de la muerte de sus padres, vuelve a Jujuy para cuidar a su abuelo que padece alzheimer y hacerse cargo del negocio familiar. Allí, en una esquina, funciona un edificio construido a principios de los 40 como estudio fotográfico. Con el paso del tiempo, el archivo de esa casa pasó a guardar la historia viva de un pueblo devenido en ciudad. Sea por un bautismo, una comunión, un casamiento, una fiesta de quince o cualquier otra ocasión para el festejo, tres generaciones la de familia retrataron la vida de toda una ciudad. (disparador de historias)
Un día Rodolfo va al estudio fotográfico en busca de unas fotos de una fiesta en la que se conocieron y le hace la propuesta a Pedro de que lo acompañe en esta aventura, Rodolfo como escritor y Pedro como fotógrafo. Ellos se han cruzado y notado varias veces pero nunca habían hablado. Se consideran dos personas igual de solitarias pero a la vez muy opuestas.
Así que, cansado de la rutina de una larga relación de pareja ya acabada y de un abuelo enfermo, Pedro decide retomar los principios de su bisabuelo (de retratar gente de pueblo en pueblo) y emprender el viaje que Rodolfo le propone hacer y lo invita a disfrutar de su universo personal, muy particular, en el que las relaciones personales son protagonistas y siempre al borde del abismo, entre su fingida inmadurez y el deseo de sacar el mayor partido a la vida.
Pero tras atravesar varios pueblitos y ciudades, en un viaje que duró algo más de unas semanas (como metáfora de un viaje interior hacia la madurez), Rodolfo sintió el impulso de estar lejos de su casa, por lo que decide quedarse en el norte acompañado ahora de su nuevo amigo, protagonista de una nueva historia “infantil” de personas que quieren escaparse. Se escaparan? No se escaparan? No se, tal vez… quizás.
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